El curioso caso de Raphael

El cantante de Linares ofrece hoy en Fibes el segundo de sus conciertos

Con sólo ver el cartel de esta nueva gira que lo trae a Fibes, apenas un año después de otro multitudinario concierto, uno se plantea que lo de Raphael tenga algo que ver con el curioso caso de la película de David Fincher. Al salir a escena se confirma que este hombre está a sus 70 años convirtiéndose en un niño.

Ahora la excusa era revisitar esos temas que fueron eclipsados por sus hits, darle una vuelta de tuerca con ritmo de big band y demostrar que incluso sus canciones menos populares son de categoría suprema. “Qué repertorio tengo”, aseguró y, aunque a muchos les moleste su presuntuosidad, el caso es que tiene razón. Si ha de ser así, el tema con el que abrió la noche, Estuve enamorado o La canción del trabajo son temazos que más los quisieran muchos pseudomodernos.

En cualquier caso, esto es lo de menos porque en cuanto él pise las tablas, usted perderá la conciencia y todas las voluntades. Sobre todo, las anticipadas. Da igual la idea preconcebida que tenga. El de Linares romperá sus esquemas, le hará revisar sus prejuicios y hasta logrará que le perdone sus desvaríos.

Ver a Raphael en directo es sucumbir a una catarsis. La ciencia ficción. Una Odisea en el espacio o un Regreso al futuro. La celebración de la contradicción humana. Una oda al exceso. La conjunción de todos los estilos musicales. El todo en uno. Un panegírico a quienes han escrito nuestra historia en canciones. Una bofetada a los esnobs que piden Mi gran noche en la discoteca y que ayer se quedaron sin palabras con este titán en Digan lo que diganYo sigo siendo aquel o Provocación. Un latigazo a los que han tratado de ridiculizarle.

Con esta moda de artistas que se afanan en hacerse los profundos se agradece aún más este Raphael que hace de quitarse la chaqueta una elegía. Que interpreta, cuenta, sobrecoge y se recrea. Que se ríe de sí mismo y se lo cree. Por eso, el público agota las entradas.

44 canciones sin parar ni cambiarse de ropa, dos horas y media de concierto y dos días en el auditorio con más aforo de Sevilla. Espectadores de todas las décadas que se ponen en pie después de cada intervención suya, enloquecidos.

Decía David Trueba de Manuel Alejandro, “el mejor compositor que existe de habla española”, recalcó Raphael, que “cuando nadie nos ve, en ese rincón ignoto de nuestra memoria sensorial, donde se confunde lo hortera y lo necesario, nos conmociona siempre un Lo siento mi amor“. Y efectivamente esto pasa también con Raphael. Que nos hace revisar el ideario colectivo y reconocer que no está mal soñar con algún Escándalo. Por favor, no se queden con las ganas de verlo por ignorancia o, peor, por culpabilidad. Lo van a agradecer.

diariodesevilla.es (Sara Arguijo)

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Aquellos maravillosos años

Cuando se anuncia un concierto de algún artista de éxito con varios discos ya en el mercado, el público paga un dinero por la entrada, el espectáculo dura una hora y media y hay un abismo entre escenario y aforo, las comparaciones son obligadas en vez de odiosas.

Los grandes lo son por algo, y Raphael lo es. Más de cincuenta años en los escenarios y anoche, en el nuevo auditorio de Fibes, se volcó dando lo mejor de sí mismo durante nada menos que tres horas, con una gran banda de siete músicos y su voz. Sin arreglos, sin apoyos y sin grabaciones. Y cumpliendo la promesa que hizo justo hace un año: la de volver a Sevilla.

El de Linares se mostró cercano con su público, al que no paró de regalar sonrisas, besos y aplausos, de darles las gracias y de decirles que era “un placer estar aquí y será hasta que ustedes quieran”. De hecho hoy repite en el mismo recinto, dos días seguidos con todo vendido.

Muy pronto llegó ‘Mi gran noche’, que da nombre a esta gira y preludio de lo que iba a ocurrir. Aplausos, olés, piropos, palmas, ramos de flores… Sevilla se volcó a su vez con el artista.

Tesón, trabajo, arte, para cantar por rumbas -‘Discúlpame’-, tangos argentinos -‘Nostalgias’-, boleros de toda la vida -‘Adoro’-. Él se atreve con todo y acierta, porque los interpreta a su manera y resultan como él y los suyos esperan.

Desde el principio, los aplausos y vítores surgían espontáneamente desde todos los rincones y en cualquier momento, como en ‘Digan lo que digan’. Y de ahí cambió para repasar una parte importante de su trayectoria profesional, con unas canciones de lo más sesenteras, que hicieron recordar aquellos maravillosos años tan actuales.

Interpretó ‘Poco a poco’, que cantaba en su primera película de 1966, ‘Cuando tú no estás’, que dio título a una canción que tampoco podía faltar en su repertorio de anoche. Y su ‘Provocación’ dio paso a otro de sus grandes éxitos, ‘Yo soy aquél’ a lo que añadió “el mismo, el Raphael de siempre”.

No le falta razón, porque se le nota cómo disfruta, el escenario le da vida, lo domina, lo recorre, baila, regala sonrisas, gestos que encandilan a sus incondicionales, y tiene cuerda para rato.

Elmundo.es (Ana García Romero)