El mito en Granada

El Palacio de Congresos estuvo abarrotado anoche por un público heterogéneo y entregado durante las tres horas

El artista de Linares refrenda su buen estado de forma con un concierto extenso y cargado de éxitos

Raphael desde hace décadas congrega a personas de todo el mundo sin hacer distinciones entre factores como el sexo o la edad. Sus canciones son capaces de enganchar por igual al joven seguidor de los Niños Mutantes -con los que compartió cartel y versión en la pasada edición del festival alternativo Sonorama- que a la señora sexagenaria vestida y salida de la peluquería para la ocasión. Todos en perfecta comunión pudieron disfrutar ayer de un repertorio extenso y adaptado al siglo XXI en coalición con pocos pero acertados músicos.

Casi con esta misma fórmula Raphael ha grabado su último disco, “De Amor y Desamor”, un trabajo lleno de éxitos de carácter más introspectivo y con el que ha conseguido volver a reinventarse. Anoche Granada01112014dpresentó, entre muchas otras cosas, estas canciones haciendo romperse las palmas de las manos a aplausos por igual a matrimonios, pandillas de ‘cuarentonas’ y adolescentes que se niegan a envejecer. Así arropó Granada al artista desde que salió a las tablas con “Si ha de ser así” y hasta que abandonó las mismas a ritmo de “Como yo te amo”.

Todo encajaba y todos encajaban en una noche mágica que también abarcó minutaje suficiente -casi tres horas- para que sonasen ‘Maravilloso corazón’ y otra revisión simplemente arrolladora, ‘Detenedla ya’.

En clave de estrella de rock o con la única complicidad de un piano, Raphael fue ese rey incombustible que nunca ha dejado de ser.

-Ideal (José Manuel Rojas / Foto: Ramón L. Pérez)

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Como si fuera la última vez

Raphael presentó ayer en el Palacio de Congresos su gira De amor & Desamor, con sus canciones de siempre interpretadas como si fuera la última vez. Raphael es Raphael de principio a fin. De sus mil y un rostros, opta, en principio, por dejar ver su cara yeyé con Si ha de ser así Mi gran noche. Pero ya antes de abrir la boca, cuando los compases de la banda firman un pequeño popurrí con las melodías de Estoy aquí Yo soy aquel, cuando Raphael hace su entrada por la escena, ahí en los mismos albores de la noche, se desata la locura. A estas alturas, un concierto de Raphael es como una experiencia de autoconocimiento, de reconocerse en sus canciones pese al paso del tiempo. Esa conexión entre el artista y la historia que cuenta y, por ende, entre el artista y el respetable sólo se explica con el alumbramiento emocional provocado por la tragedia griega.

-Granada Hoy (R. Castro)