Inconmensurable

Raphael, inconmensurable en el inicio de su gira española con casi tres horas de concierto en Manzanares

Raphael demostró en Manzanares por qué es un artista con mayúsculas. El pasado viernes, en el inicio de la gira española de “Mi gran noche”, estuvo inconmensurable, con un concierto de casi tres horas de duración en el que interpretó más de cuarenta canciones con la fuerza y garra que en él son habituales y con la ilusión de un principiante, sin tener en cuenta los millones de discos que ha vendido en todo el mundo ni sus 53 años de carrera musical. Raphael se comió el escenario de “La Pérgola” y conquistó su primera plaza española de la temporada con un público entregado de principio a fin.

Puntual, vestido de riguroso negro con traje y corbata que pronto se quitó, al igual que la chaqueta, Raphael apareció a las diez y media de la noche en el escenario del auditorio de verano “La Pérgola” de Manzanares, donde sus cinco excelentes músicos le esperaban con guitarra, bajo, batería, teclados y piano, un piano que fue otro de los indiscutibles protagonistas de la noche, solo eclipsado por la arrolladora fuerza del artista de Linares.

En su primera aparición, el público que llenó el recinto le aclamó en pie. En primera fila incluso ondeó una bandera rusa de cerca de veinte “raphaelistas” llegados expresamente desde Moscú. Hubo personas de todas las edades, con una notable presencia de gente joven que disfrutó como el que más. Los más carrozas se entregaron como si tuvieran quince años viendo de cerca a un mito de la música que dio una lección de profesionalidad e integridad con un directo auténtico que se prolongó durante dos horas y tres cuartos.

Su dilatada discografía hizo imposible, a pesar de la duración del concierto, que pudieran sonar todos sus éxitos, pues son muchísimos. Pero sí estuvieron la mayoría de las inmortales canciones de Raphael y el público salió encandilado e incluso emocionado tras escuchar temas míticos como “En carne viva”, “Escándalo”, “Qué sabe nadie” o “Como yo te amo”, que protagonizaron el tramo final del espectáculo.

El concierto comenzó con “Si ha de ser así”, que se incluye en el disco “Mi gran noche” editado para la ocasión y que solo está a la venta físicamente en los conciertos, además de on line. Siguió con la revisión a lo big-band de “Mi gran noche” y otros temas de ese trabajo que fue intercalando con canciones de su extensa discografía.

Después de seis temas, antes del “Digan lo que digan” que volvió a poner en pie al respetable -que se levantó de sus sillas tras cada canción-, Raphael se dirigió al público. Dijo que por fin, después de un mes y medio desde que acabó la gira americana, volvía al escenario, y se mostró encantado de empezar en Manzanares esta gira por España. “Como siempre, aquí está Raphael para cantarles hasta que ustedes quieran”, dijo a modo de declaración de intenciones de lo que iba a suceder.

Unas veces junto a una guitarra española, y otras junto al piano, Raphael siguió dejando momentos mágicos y desgranando canciones. “Poco a poco”, “Nada”, “Hoy mejor que mañana”, “Cuando tenga mil años”, “Provocación”, “Yo sigo siendo aquel”… Tuvo palabras de recuerdo para Manuel Alejandro, autor de la mayoría de sus grandes éxitos, como “No puedo arrancarte de mí”, que cantó en un sillón giratorio. Pero también dio cabida a otros grandes temas de otros compositores, como “Si no estuvieras tú” (de Perales), y “Maravilloso corazón”.

Sus gestos, dramatismo, paseos, movimientos y devaneos por el escenario eran Raphael en estado puro, para delirio del público. Antes de llegar a las dos horas de concierto cantó la que dijo es la canción más bonita que se le ha escrito, “Volveré a nacer”. Y así llegaron su versión de “Adoro”, “Nostalgias”, “Y fuimos dos” o “Para volver a volver”.

“La Pérgola” vivía una noche de fábula, de ensueño. Y la magia que transmitió Raphael se volvió en delirio con la traca final de éxitos como “En carne viva”, “Escándalo” -donde incluyó una variación rapeando-, “Ámame” y “Qué sabe nadie”. Finalmente regaló el “Como yo te amo”, donde el público, ya en estado de éxtasis, demostró amarle con locura, como dice la canción. Muchos aplausos en pie, con Raphael saludando en el escenario pusieron el colofón a “una gran noche”.

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