Un grande, digan lo que digan

Raphael levantó al público de un abarrotado teatro Jovellanos en cada una de las cuarenta y cuatro canciones que interpretó en tres horas de concierto

“Es un inmenso placer volver a mis recuerdos, Gijón ha sido muy importante para mí”. Con estas sentidas palabras se dirigió Raphael dirigió a un público gijonés que le aguardaba ansioso y que abarrotó el teatro Jovellanos en la tarde noche de ayer. Hacía más de quince días que en la taquilla se colgó el cartel de “no hay entradas”. El veterano cantante, que parece haber firmado un pacto con el diablo, con una voz rotunda y una presencia envidiable, sigue levantando pasiones cada vez que se sube al escenario en esta nueva gira sin descanso y sin desmayo.

La villa de Jovellanos, que hace ya cincuenta años lo acogió por primera vez, no defraudó tampoco al artista de Linares: se desvivió por él, aplaudiendo a rabiar cada una de las viejas y jóvenes canciones que componen el ideario de esta gira. De negro, como es habitual, y cargado de gestos, el artista no defraudó en su gran noche gijonesa, nombre elegido para este periplo de conciertos, y que tendrá hoy continuación con un nuevo recital.

Gijon2013okbAcompañado de varios músicos talentosos, – no faltó el piano de cola situado justo en medio del escenario- Raphael comenzó su repertorio con el tema Si ha de ser así continuando con la archiconocida Mi gran noche, que tarareó junto con el público; No tiene importancia, Los amantes, Un gran amigo y Despertar el amor fueron los siguientes títulos del inicio de la esperada actuación.

A partir de entonces, ya sin corbata ni chaqueta, Raphael se enfundó en uno de sus clásicos, el inevitable Digan lo que digan, que enloqueció no solo al patio de butacas sino al aforo de fans completo. Después sonaron Poco a poco, Nada, Hoy mejor que mañana, Me estoy quedando solo… y por supuesto un impresionante Payaso.

Cuando sonaron los acordes de Escándalo, ya ningún espectador quedaba quieto en su butaca. Tal era la comunión entre el artista y sus incondicionales, que los había de todas las edades. Así hasta cuarenta y cuatro canciones. Todo un récord que el artista bordó, dejando claro que su chorro de voz no ha perdido, con los años, ni un ápice de poderío.

Además de sus gestos, siempre tan imitados para bien o para mal, en serio o en broma; sus pasos de baile, sus miradas de complicidad con los asistentes al recital y elegante juego de luces que adornó cada una de las interpretaciones… todo ello en coctelera dejaron huella en la retina de unos seguidores entregados a su ídolo.

Hoy deleitará de nuevo un Raphael en plena forma y con cuerda para rato a sus fans asturianos, dispuestos a llevarse el grato sabor de boca de un fantástico directo. Muchos adquirieron para su colección el CD de la gira, que solo se vende en el vestíbulo de cada teatro al que el cantante acude.

Camisetas, bolsas, abanicos y fotografías son algunos de los productos del merchandising raphaeliano a la venta en el pequeño mostrador que se acondiciona antes de cada actuación y que desaparecen de él para ir al escaparate de los recuerdos que cada seguidor guarda del artista. Un artista o un showman en pacto permanente con el diablo.

La Nueva España / www.lne.es (Teté F. Balseiro)

————–

Medio siglo de pasión con sello Raphael

Tras 50 años de carrera, el público vibró y hasta enloqueció con temas como Escándalo, Como yo te amo o Yo soy aquel. Hoy repite

El de Linares llenó el Jovellanos para ofrecer Mi gran noche ante un auditorio entregado durante tres horas

Más de medio siglo de cosechar éxitos sobre escenarios de todo el mundo se esconden tras el título de esta gira que ha emprendido el divo de Linares por escenarios de toda la península, bebiendo de los carteles que ilustraban sus conciertos en el Palladium de Londres, donde fue un suceso arrollador. La gran noche que vivió ayer el Jovellanos nació a comienzos de abril en México, donde es todavía hoy un gran ídolo, para después extenderse por Estados Unidos y volver a España, donde ha deleitado a multitudes con temas como Yo soy aquel, Cuando tú no estás, Balada de la trompeta o Digan lo que digan. Con Si ha de ser así, sacada del arcón de la memoria para resonar ahora en la todavía potente voz del artista, de setenta años, se abrió el recital, un caudal de temas encadenados, más de cuarenta, en el que tampoco faltaron Vive tu vida o Cuando tenga mil años.

Fueron tres horas largas de concierto a teatro atestado en las que Raphael no dudó en recuperar algunos de sus temas más enérgicos de finales de los años sesenta, sin olvidar los que él mismo denomina “las joyas de la corona”.

Mi gran noche no solo pone nombre a la gira, sino que es el clásico inamovible del repertorio en cada recital. Junto a ella, hubo momentos reconocibles para todo el público, que aplaudió y coreó temas como Escándalo y Como yo te amo hasta límites más propios de un estadio que de un teatro al uso.

A sus espaldas contó con una gran banda que le permitió lucir canciones en donde los instrumentos de viento gozan de notable protagonismo. Una velada inolvidable para los fans de Rafael Martos, que en todas estas décadas le han seguido con fervor en cada una de sus presentaciones.

El Teatro Jovellanos se vistió de gala para uno de los recitales más esperados del año. Y hoy volverá a hacerlo. Porque repite función, de nuevo con el cartel de “no hay localidades” colgado desde hace más de una semana.
elcomercio.es (Miguel Cane)